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Después de un breve coqueteo con la esperanza, el Predicador una vez más pierde la esperanza al final de Eclesiastés 3 cuando consideró el problema de la injusticia. Continuando con esa idea, luego consideró todas las violencias que se hacen debajo del sol. La compasión por los oprimidos es común en el Antiguo Testamento. Salomón pensó en las vidas dolorosas y llenas de lágrimas de los oprimidos. En un mundo debajo del sol – donde esta vida es todo lo que hay, los hombres y las mujeres no rinden cuenta de sus vidas en un mundo venidero – las lágrimas de los oprimidos son especialmente amargas y no tienen quien los consuele.

La idea de que tanto los opresores como sus víctimas no encuentran justicia en la eternidad era tan amarga para el Predicador que pensó que los muertos eran afortunados. En un mundo debajo del sol, los muertos no tienen que pensar en cosas tan dolorosas. Salomón solo podía alabar a los muertos de esta manera porque en su tiempo no tenía un conocimiento certero del mundo venidero, y escribió la mayor parte de Eclesiastés con una premisa debajo del sol. Si supiera y aceptara lo que les sucedía a los muertos injustos, nunca diría tal cosa.

Los finados, los que ya murieron es una frase interesante. Implica que hay finados que aún no están muertos; los muertos vivientes, por así decirlo. Caminan por esta tierra y tienen vida biológica, pero su espíritu y alma parecen muertos. Salomón llevó la idea de alabar a los muertos aún más allá, donde alabó al que no ha sido aún. No hay nada más triste en todo el libro que la mirada melancólica en los versículos 2 y 3 a los muertos y no nacidos, que se salvan de ver tanta angustia. Jesús mismo dijo que había un hombre para quien mejor hubiera sido no haber nacido: Judas en Mateo 26:24. La gran desesperanza del Predicador por la injusticia de la opresión en una premisa debajo del sol, y muestra la necesidad moral de una vida después de la muerte y un juicio venidero. Jesús nos dijo que son aquellos que oprimen y abusan de su poder los que finalmente soportarán el castigo, no sus víctimas.

El Predicador pensó en aquellos que obtienen éxito a través del trabajo y excelencia de obras; y cómo esto simplemente provoca envidia y, a veces, odio de los demás. Este celo común por el éxito, hacía que la vida pareciera vanidad y aflicción de espíritu. Los celosos, como necios, cruzan las manos y no hacen nada; y así se consumen. Sin embargo, no era el éxito de su vecino lo que los hacía consumirse; el hombre necio y perezoso come su misma carne. Esta expresión es en realidad equivalente a “se destruye a sí mismo”. Un pensamiento similar desde una perspectiva diferente se encuentra en Salmos 27: 2.

El Predicador reflexiona sobre el valor del contentamiento. Es mejor tener menos y estar contento (con descanso) que tener más y estar constantemente aferrándose a más éxito. Salomón entrelazó alguno fascinantes temas aquí. El trabajo duro y el éxito son buenos, y no deben de envidiarse. La pereza es mala y destructiva. Sin embargo, incluso el que tiene las manos llenas debe aprender a estar contento. Salomón pensó en un hombre solo, sin familia ni amigos cercanos, este hombre trabaja duro y quiere ganar más y más. El Predicador estaba completamente en lo cierto bajo una perspectiva debajo del sol. Bajo esa premisa, no existe tal cosa como un logro eterno y uno ni siquiera tiene la satisfacción potencial de pasar los logros de uno a otro.

En la sección anterior, Salomón pensó cómo incluso en un mundo debajo del sol, vivir solo empeoraba la vida. Continúa desarrollando la misma idea, señalando que mejores son dos que uno y comenzará a exponer las razones por las que esto es cierto. En una buena sociedad, dos pueden lograr más que cada uno individualmente. La suma será mayor que las partes. Cuando dos trabajan y viven juntos, pueden ayudarse mutuamente en tiempos difíciles – pero ¡ay del solo! que cuando cayere, no habrá segundo que lo levante. El Predicador entendía que todo el mundo necesita ayuda, y es una bendición tanto dar como recibir ayuda. Cuando dos trabajan y viven juntos, pueden traer consuelo a la vida del otro. Cuando dos trabajan y viven juntos, pueden brindar seguridad y protección el uno al otro. Por usar una frase familiar, pueden “cuidar la espalda” uno al otro. Estos cuatro versículos nos muestran el gran valor de las relaciones humanas.

El Predicador da una línea final fascinante a esta sección que trata sobre la bondad del compañerismo. Podríamos haber esperado que alabara la fuerza de una cuerda doble; en cambio, señaló que cordón de tres dobleces no se rompe pronto. Comúnmente se entiende que el tercer cordón es Dios mismo, y que una relación entrelazada con Dios es un cordón que no se rompe pronto. Esto se aplica comúnmente; y se aplica bien, a la idea de reconocer y aceptar a Dios en la relación matrimonial. Sin embargo, es posible que, en el contexto del matrimonio y la familia, Salomón tuviera en mente a los niños con la imagen de un cordón de tres dobleces. El Predicador comienza otra sección con un proverbio, haciendo la observación de que es mejor ser pobre y sabio (¡y joven!) que ser viejo, necio y tener una gran riqueza y estatus. Salomón pensó en un segundo joven, que se levanta de la desgracia y la oscuridad para lograr una gran riqueza, estatus y fama.  Mientras él pensaba en este joven que logró mucho y se hizo famoso, entendió que la fama sería de corta duración. Incluso si durara toda su vida (lo que sería raro y notable), no viviría mucho más allá de su propia vida. Con su premisa debajo del sol, este pensamiento trajo la familiar conclusión al Predicador: Y esto es también vanidad y aflicción de espíritu.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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