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Cuando vieron el dinero en la boca de su costal fue un tremendo choque para sus hermanos. No se nos dice cuál fue el hermano que encontró el dinero, pero fue uno de los nueve. Lo último que ellos esperaban ver era su dinero de regreso. Esto fue una prueba; no de José, sino de Dios. ¿Qué harían con el dinero? ¿Qué sería revelado acerca de su corazón? El corazón engañoso lo escondería, construiría una historia acerca del dinero, pensaría que era merecido, o su corazón superficial no pensaría. Somos probados por lo que Dios nos da. Lo que hacemos es importante, pero Dios ve más profundo que la acción misma y quiere desarrollar no solo nuestra conducta, sino también nuestro carácter.
Era como si se hubieran ganado la lotería, pero no estaban felices. En lugar de esto, tenían miedo. Ellos estaban tan asustados que sus corazones se sobresaltaron y tenían qué hablar entre ellos sobre eso, ellos solamente sabían parte del asunto, pues solo descubrieron el dinero en el saco de un hermano. No sabemos por qué no chequearon inmediatamente los otros sacos, pero no lo hicieron, estaban asustados, porque ya eran sospechosos de ser espías. Ahora, podían también ser acusados como ladrones. La culpabilidad en la conciencia de los hermanos estaba trabajando duro, con todas las adversidades de regreso a Dios. Una conciencia culpable ni siquiera sabe cómo manejar los regalos de Dios.
Pensemos en cómo fue el resto de ese viaje. Durante varios días mientras viajaban, varias cosas pesaban en su mente: ¿Cómo explicarían que Simeón no estaba con ellos? ¿Cómo explicarían que tenían el grano y el dinero? ¿Cómo explicarían que tenían que regresar a Egipto y llevar a Benjamín? Cuando los hermanos finalmente llegaron a su casa, le dijeron a su padre Jacob la verdad. La última vez que regresaron perdieron a uno de los hermanos, dijeron una mentira e hicieron una historia acerca de qué José había sido atacado por un animal salvaje. Ellos, incluso, le llevaron a Jacob la túnica de muchos colores ensangrentada para dar una evidencia falsa de su mentira. El hecho de que dijeran la verdad en esta ocasión fue un pequeño paso, pero un buen paso. Las cosas buenas, con frecuencia, son pequeñas al comienzo. Ellos podían decir que eran hombres honestos en relación a su trato con el misterioso egipcio, el hombre que era el señor de la tierra. Pero no fueron hombres honestos cuando mintieron acerca de la muerte de José 20 años atrás. José sabía que ellos no eran hombres honestos. Él no sabía la mentira exacta que le dijeron a Jacob para explicarle su desaparición, pero sabía que debían haber mentido de alguna manera. José sabía quiénes eran, pero también sabía en lo que podrían convertirse.
Ellos no tenían idea de lo que había pasado. En todo caso, esto los sorprendió más que cuando encontraron la bolsa de dinero en un saco. Había más de lo que ellos pensaron. ¿De qué tenían miedo? Tenían miedo de recibir lo que no ganaron. La gracia nos pone a prueba. Tenían miedo de sus propias conciencias. Estaban atemorizados de José; el gran hombre que no pudieron entender. En un sentido, ellos tenían miedo de José antes de haberse reconciliado con él.
Jacob habló más verdad que la que sabía. Dijo que sus hijos lo habían privado, que era su culpa que José y Simeón no estuvieran. Instintivamente, sabía la verdad, aun cuando no podía probarla. Esto torturó a Jacob; sin embargo, estas declaraciones no eran ciertas. No solamente José estaba vivo, sino que Jacob podría verlo pronto y José rescataría a toda su familia. No podemos culpar a Jacob por creer que José estaba muerto; le habían dicho una astuta mentira. Esto muestra el poder de una mentira creída. Cuando creemos mentiras —sea nuestra culpa o no— la mentira tiene poder sobre nosotros. Esto es por lo que deberíamos aprender y amar y valorar la verdad de Dios. Había un plan en todo esto, aun cuando Jacob no podía verlo o sentirlo.
Rubén, el primogénito fue el que trajo desgracia a la familia con incesto. Él fue el que hizo demasiado poco y obró demasiado tarde para rescatar a José antes de que lo vendieran como un esclavo. En un gesto dramático, Rubén estaba dispuesto a sacrificar a sus propios hijos para dar seguridad a Jacob en su desesperación. Jacob no solamente insistió en que Benjamín no abandonaría el hogar, sino que habló como si solamente tuviera un hijo. Aparentemente, Jacob no pensó mucho en Simeón. No le importaba que Simeón pudiera pasar el resto de su vida en una cárcel de Egipto. Muchos años antes, Dios luchó con Jacob y lo venció. Jacob Se quedó con una cojera como recordatorio de esa experiencia. Incluso así dijo: “No descenderá mi hijo con vosotros”, lo que muestra que la batalla aún no ha terminado. Aún había más por hacer, y más de Jacob por entregar a Dios. En este punto, Jacob no podía confiar en Dios nuevamente. Él vivió protegiéndose a sí mismo contra dolores futuros. Dios estaba a punto de traerle a Jacob buenas noticias —más grandes de lo que alguna vez había esperado: El amado hijo que creía muerto estaba realmente vivo, había sido exaltado al más alto lugar, les daría el pan de la vida, era el salvador del mundo y esto significaba que podía confiar en Dios nuevamente.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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