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Porque el Señor bendijo su viaje, Jacob vuelve a la tierra de donde su madre vino, la cual también era la tierra de su abuelo Abraham. El pozo en el campo con los tres rebaños de ovejas junto a él permitió a Jacob averiguar su paradero y, finalmente, lo llevó a encontrar a Rachel. Dios guía los pasos de su pueblo sin interferir en el curso ordinario de la naturaleza, simplemente encaminándolos en el ejercicio del sentido y de la inteligencia; y sin duda Jacob reconoció en su iluminación en el pozo de Harán una primera entrega de esa guía celestial que se le había prometido recientemente. Los santos deben practicar el arte de discernir el movimiento del dedo de Dios en los eventos más pequeños y comunes de la vida.
En épocas anteriores los caminos no estaban claramente marcados ni había señalamientos; Jacob no sabía dónde estaba hasta que les preguntó a algunos de los lugareños y descubrió que había llegado a su destino.
Saludando a los pastores como a sus hermanos, como maestros de un oficio común, Jacob deduce de sus francas comunicaciones que él estaba en las afueras de Harán, en donde su tío Labán era un ciudadano próspero y rico, y que su prima Raquel estaba en el camino a ese mismo pozo; junto al cual él estaba, con un rebaño de ovejas de su padre. Grande es la virtud de hacer preguntas, especialmente cuando van precedidas de cortesía. Rara vez se pierde algo, pero con frecuencia se gana mucho con preguntas corteses. Los pastores no solo conocían a Labán, sino que también le dijeron a Jacob que Raquel, la hija de Labán, se aproximaba.
Observando sus amigos dispuestos a la indolencia, y tal vez deseosos de encontrar a Raquel a solas, Jacob les recomienda que descubran el pozo, abran sus rebaños y los lleven de nuevo a pastar, ya que aún quedaba gran parte del día. Si era su ventaja lo que buscaba, su consejo era bueno; si era su propio interés lo que servía, la estratagema era ingeniosa. El pueblo de Dios debe ser astuto como serpientes, pero inofensivo como palomas. Jacob, definitivamente, parece que está tratando de deshacerse de los jóvenes pastores; quizás, para poder estar a solas con Raquel.
Jacob también sabía que él había venido a casarse con una de las hijas de
Labán (Génesis 28:2), por lo que está más que dispuesto a mostrar amabilidad (y tal vez su fuerza) a Raquel, la hija de Labán. El pozo estaba cubierto y protegido por una gran piedra. La encantadora llegada de la pastora causó una profunda impresión en el corazón de su primo. Poniéndose de pie de un salto, hace rodar la piedra de la boca del pozo, llena los abrevaderos y da de beber a las ovejas de Labán, impulsado a ello, digamos, tanto por consideración a la hermosa joven que las atendía como al rico amo de ovejas que poseía. Los actos amables que proceden de corazones amorosos a veces se ven favorecidos en gran medida por los atractivos de sus destinatarios.
“Y Jacob besó a Raquel” Antes de explicar quién era él, debió tomarla por sorpresa aún en aquellos tiempos poco convencionales; pero es probable que haya anunciado primero su nombre, en cuyo caso su comportamiento sólo estuvo de acuerdo con las costumbres de la época. Expresiones adecuadas de afecto hacia los amigos se corresponden con la gracia y la naturaleza. En un principio, Raquel debe haber estado muy sorprendida al ver a un hombre al que nunca había visto, llorar y aparecer saludándola con un beso. A ella probablemente le habían contado sobre su tía Rebeca, quien se casó con un pariente rico y lejano de la familia. Jacob le dijo a Rachel que él era el hermano de su padre, y que él era el hijo de Rebeca: y ella corrió y se lo dijo a su padre.
Labán corrió al encuentro del hijo de su hermana, y lo abrazó, lo besó y lo llevó a su casa. El parentesco y la bondad siempre deben ser aliado. La hospitalidad de Labán hacia Jacob se basó en el hecho de su relación. Así es el entretenimiento de Cristo de su pueblo basado en la circunstancia de que son “miembros de su cuerpo, de su carne y de sus huesos”. Labán mostró esta gran hospitalidad, no solamente porque era la costumbre, ni porque Jacob era su sobrino; Labán también sabía que Jacob heredaría una significativa fortuna de su padre Isaac. Está implícito en Génesis 29:15 que durante el mes que Jacob se quedó con Labán, sirvió en el pastoreo de las ovejas de Labán. El pueblo de Dios debe esforzarse en la medida de sus posibilidades para corresponder las bondades de familiares y amigos.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
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