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Isaac cree que ha llegado la hora de su muerte, y esta es su manera de “resolver sus asuntos”, decir su última voluntad como una especie de último testamento. Su vejez era evidente por su vista debilitada. Martín Lutero calculó que la edad de Isaac era de 137 años en ese momento, vivió 43 años más; es decir, hasta los 180 años.

Isaac pidió comida, pero parecía gloriarse mayormente en el poder de Esaú como hombre de caza. Después, encontramos que él realmente no pudo determinar la diferencia entre lo que Esaú cazó en el campo y lo que su esposa Rebeca pudo preparar del rebaño. No era el sabor de la comida lo que lo atraía, sino su pensamiento de Esaú como hombre de caza. Extrañamente, Isaac insistió en dar la bendición a Esaú, al que Dios no había elegido, quien había despreciado su primogenitura, y quien se había casado con mujeres paganas. Parece que Isaac rechazó el pensamiento piadoso y la sabiduría espiritual, pensaba en la comida y en las ideas comunes de poder centradas en el hombre. De hecho, Isaac trató de dispensar la bendición secretamente, lo que mostró que él sabía que lo que quería no era lo correcto. Tristemente, en esta casa, nadie confiaba en nadie más.

El relato aquí no dice, específicamente, que Rebeca espió a Isaac y Esaú en algún sentido inapropiado. El sentimiento que estaba tramando y espiando está aquí, pero es posible que ella escuchara casualmente esta importante conversación. Cuando Esaú fue al campo a cazar, Rebeca tenía listo su plan. En lugar de confiar en que Dios cumpliría lo que Él había prometido en Génesis 25:23, usó la manipulación y el engaño para cumplir lo que ella pensaba que era el plan de Dios y, probablemente, también su preferencia.
Rebeca conocía a su esposo lo suficientemente bien para saber que él no podría darse cuenta de la diferencia entre lo que ella preparó y lo que Esaú traería de la caza.

Por su parte, Jacob, fiel a su nombre “tramposo o sinvergüenza”, se apresura para llevar a cabo su plan. Solamente se preocupa por si será exitoso. Cuando estamos dispuestos a abandonar la cuestión del bien y del mal, y cuando nuestra única preocupación es “lo que funciona”, hemos aceptado la idea moderna del pragmatismo, como gran parte de la iglesia lo ha hecho hoy día. Una vez que Jacob superó su miedo de ser atrapado en su engaño, estaba listo para llevarlo a cabo. Rebeca manipuló a Isaac y a Jacob; pero Jacob estuvo dispuesto a ser manipulado.

Significativamente, en este momento, cada uno de los actores de este drama claramente nos muestran que se encuentran dirigidos por su carne y que no están siendo controlados por el espíritu. Incluso Esaú, al ponerse de acuerdo con el plan de Isaac para darle la primogenitura a él, hizo caso omiso a su promesa anterior de permitir a Jacob que tuviera la primogenitura.

Ninguno de estos – Isaac, Rebeca, Jacob, y Esaú – confiaba el uno en el otro. Peor aún, no confiaron en el Señor. Cada uno de ellos tramó y conspiró contra los otros y contra Dios. La historia completa no refleja ningún crédito sobre ninguna de las personas involucradas.

El peor aspecto de todo esto es que parecen considerar la bendición como algo “mágico”, como algo separado de la sabiduría y voluntad de Dios. Pero, sobre todo, lo más que puede hacer Isaac es reconocer el llamado y la bendición de Dios sobre Jacob. Solo Dios puede, verdaderamente, otorgar la bendición. Esaú podría recibir la bendición de Isaac cien veces, pero solo importa si Dios en el cielo lo honra.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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