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Esto no fue tanto una prueba para producir fe, sino una prueba para revelar fe. Dios edificó a Abraham lentamente, parte por parte, año por año, hasta ser un hombre de fe. La respuesta rápida de Abraham al llamado es un maravilloso ejemplo de cómo un hombre o una mujer de fe deberían responder a Dios. Cuando Abraham dijo: “Heme aquí”, esto significa que él estaba listo para ser enseñado, listo para obedecer, listo para rendirse, y listo para ser examinado por Dios. Significativamente, Dios llama a Isaac su único hijo, cuando Abraham, de hecho, tenía otro: Ismael. Desde que Ismael fue apartado de la familia de Abraham, en lo que respecta al pacto de Dios, Abraham tenía solamente un hijo.

Dios le dice a Abraham que lo ofrezca en holocausto. Este no era un sacrificio vivo, sino un sacrificio que se mataba y después se quemaba completamente ante Jehová. Abraham vivió como un forastero, como un peregrino, en la tierra de Canaán. Los sacerdotes de muchos de los dioses de los canaanitas dijeron que sus dioses demandaban sacrificios humanos. El pueblo de Canaán no encontraba nada especialmente extraño acerca de los sacrificios humanos, pero Abraham había creído que el Señor era diferente.

Este mandato fue especialmente difícil, porque parecía contradecir la promesa previa de Dios. ¿Acaso Dios no había prometido que en Isaac le sería llamada descendencia? Parece extraño y contradictorio matar al hijo a quien se le prometió llevar a cabo el pacto cuando aún no se había cumplido en él. ¿Cómo podía Abraham matarlo ahora? ¿No estaría matando la promesa que Dios le había dado? Abraham tenía que aprender la diferencia entre confiar en la promesa y confiar en el que hace la promesa. Había un lugar específico donde Dios mandó a ir a Abraham, un sitio especial donde esto sucedería. Dios está dirigiendo cuidadosamente cada detalle. No hay ni la muestra más sutil de vacilación de parte de Abraham. Abraham se levantó muy de mañana para hacer esto. Debe de haber sido una noche de insomnio para Abraham.

La obediencia de Abraham mostró que estaba confiando en Dios, aun cuando no entendía.  Abraham hizo el trabajo personalmente. Él enalbardó su asno y él cortó la leña. Aunque tenía muchos sirvientes que podían hacer esto por él, Abraham mismo lo hizo a pesar de que era de edad avanzada. Quizás esto fue porque estaba nervioso. Abraham fue directamente al sitio preciso que Dios le había dicho. Él hizo esto a pesar de que hubiera sido más fácil a los ojos de Abraham si Dios le hubiera pedido dar su propia vida en lugar de la vida de su hijo Isaac. Abraham llegó al sitio al tercer día. La región de Moriah está relacionada con el monte Moriah, que es el Jerusalén de hoy día. Este es el primer uso de la palabra adorar en referencia a Dios en la Biblia. La palabra hebrea shachah significa, sencillamente, “inclinarse”. Aunque Abraham e Isaac no fueron al monte para tener un tiempo de adoración gozosa, sí fueron a inclinarse ante Jehová.

Abraham está lleno de fe cuando habla a los hombres jóvenes que están con él. Él cree que regresaran él e Isaac cuando dice: “volveremos”. Esto no significa que Abraham sabía que esto solo era una prueba y que Dios realmente no iba a exigirle que lo hiciera; sino que la fe de Abraham se basaba en saber que, aunque matara a Isaac, Dios lo levantaría de entre los muertos, porque Dios había prometido que de Isaac vendría la línea de bendición y el pacto. Sabía que Dios no es mentiroso. Vemos que Isaac cargó la leña para su propio sacrificio y la llevó hasta arriba del monte. Abraham llevó el cuchillo a la montaña.  Él no lo dejó detrás, ni pretendió olvidarlo. Esto fue una demostración más de su obediencia, y de su confianza en que, si era necesario, Dios levantaría a Isaac de la muerte.

Abraham sabía que Dios proveería un sacrificio, pero de dónde. ¿Dónde estaba el cordero? Esta pregunta se ha hecho desde Moisés hasta David, hasta Isaías, hasta el tiempo de Juan el bautista cuando declara: He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo. Aparentemente, aun sobre el monte Moriah, había un lugar específico donde Dios le dijo a Abraham que se parara, porque era el sitio correcto para hacerlo. En aquel tiempo, Abraham tenía más que 100 años, e Isaac habría podido escapar si hubiera querido. Aun así, se somete a su padre plenamente. Cuando recordamos la fe de Abraham, nunca debemos olvidarnos de la fe de Isaac. Algunos comentaristas judíos piensan que Isaac tenía unos treinta años cuando ocurrió este suceso. De acuerdo al historiador Josefo, posiblemente tenía 33 años de edad; y de ser así, muy manifiestamente un tipo de Cristo, quien tenía aproximadamente esa edad cuando vino a morir.

Tenemos que creer que Abraham estaba completamente dispuesto a degollar a Isaac, porque su fe estaba basada en la capacidad de Dios para levantar a Isaac de entre los muertos, no en el deseo de Dios de de tener el sacrificio.  Abraham muestra su corazón en cuanto a Dios en que estaba dispuesto a dar a su único hijo. Dios muestra su corazón en cuanto a nosotros de la misma manera: dando a su Hijo unigénito. Dios todavía requería un sacrificio. Dios no quitó la necesidad de un sacrificio. En vez de eso, requirió un sustituto, uno provisto por Dios mismo. El nombre de este lugar tiene un significado. Abraham lo llamó Jehová proveerá (Jehová Jireh). En este monte, será provisto. Al nombrar el lugar Jehová Jireh, Abraham no dijo nada acerca de sí mismo, sino que la alabanza es para Dios, quien ve y es visto; el recuerdo es “Jehová proveerá”.  Este evento también es una profecía de Jesucristo levantándose de entre los muertos el tercer día. Pero en el Antiguo Testamento, dónde se dice, específicamente, que el Mesías resucitaría al tercer día. Aquí lo dice, a través de la representación de Isaac. Abraham “tuvo por muerto” a Isaac en cuanto Dios dio el mandamiento, e Isaac fue “vivificado” (resucitado) tres días después.

Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.

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