Estos últimos líderes de Jerusalén y Judá también fueron capturados y asesinados. El rey de Babilonia tenía lo que parecía ser el gobierno total sobre el antiguo reino de Judá. Esta era la tierra que Dios le había dado a su pueblo, a las tribus de Israel. Ellos habían poseído esta tierra por alderedor de 860 años; la tomaron por fe y obediencia, pero la perdieron por la idolatría y el pecado. Como lectores no podemos evitar ser golpeados por el tono desapasionado de la narrativa de este capítulo. En ninguna ocasión el autor muestra sus sentimientos, a pesar de que está describiendo la trágica caída de su país. Tenemos que irnos al libro de Lamentaciones para encontrar lamentos y gemidos. Así la nación llamada a una peculiar posición de honor, se convirtió en un pueblo disperso y despojado, que perdió todos sus privilegios debido a su fracaso en cumplir su responsabilidad.
Israel quería ser como otras naciones que la rodeaban, imitar su organización, y aliarse con uno, y luego con otro; en consecuencia, fue llevada en cautiverio a la misma nación cuyas modas había estudiado con más detalle. Y así Judá fue llevada lejos de su propia tierra cuatrocientos sesenta y ocho años después de que David comenzara a reinar sobre ella; desde la división de las diez tribus trescientos ochenta y ocho años; y desde la destrucción del reino de Israel, ciento treinta y cuatro años; y antes de Cristo, quinientos noventa años.
Parece que Gedalías era un hombre bueno y piadoso, que era amigo del profeta Jeremías. Gedalías tenía la reputación de ser gentil y generoso y sus enemigos se aprovecharon de esto. Parecía poco patriótico y hasta impío hacer esto, pero era lo correcto. Lo mejor que podían hacer en esta situación de juicio merecido e inevitable era, simplemente, aceptarlo de la mano de Dios y hacer lo correcto bajo los babilonios. Era lo correcto porque, aunque era difícil de aceptar, era verdad que los babilonios estaban haciendo la obra de Dios al traer este juicio sobre el reino de Judá. En esta situación, resistir a Babilonia era resistir a Dios. Era mejor humillarse a sí mismos y someterse al juicio de Dios a manos de los babilonios. Esta era la pregunta que molestaba tanto al profeta Habacuc: A pesar de que Judá era perverso y merecía juicio, ¿cómo pudo Dios utilizar a un reino aún más perverso como Babilonia para traer juicio? Habacuc lidió con estas difíciles preguntas.
Como Gedalías guió a lo que quedaba de Judá a someterse a los babilonios (también llamados aquí los caldeos), fue asesinado como traidor por el movimiento de resistencia contra los babilonios. Ellos hicieron esto porque tenían miedo de lo que los babilonios les harían a la luz del asesinato del gobernador Gedalías. En este caso, irse a Egipto era peor que someterse al juicio de Dios traído por los babilonios. La existencia de los judíos en Egipto en el siglo V es ahora ilustrada en los Papiros de Elefantina.
Este rey Joaquín no fue el último rey de Judá; Sedequías estuvo después de él. Pero él fue llevado a Babilonia. Estos últimos eventos del libro de 2 de Reyes llegaron cuando Joaquín había estado cautivo por muchos años. Como al parecer él fue considerado por los judíos como el último rey legítimo, noticias de su condición posterior serían de gran significado. Las palabras finales del libro de 2 de Reyes describen pequeños actos de bondad y bendiciones dadas en las peores circunstancias. Judá aún seguía despoblada; el pueblo de Dios aún seguía exiliado; y el rey de Judá seguía prisionero en Babilonia. Sin embargo, viendo hasta las pequeñas evidencias de gracia y misericordia como muestras del favor de Dios que regresaba, el historiador divino anota que Joaquín comenzó a recibir mejor trato en Babilonia.
Los rabinos nos dicen que, su padre, recuperando la razón después de que había sido convertido por un espacio de siete años en alguien que se alimentó de pasto entre las bestias del campo, arrojó a Evil-merodac en la misma prisión que a Joaquín, quien le contó su caso y, por lo tanto, se ganó su favor. Este segundo apéndice es agregado para recordar al lector que mientras Joaquín estaba en Babilonia como representante de la dinastía de David, Dios aún preservaba a su pueblo. Algunos ven esto como la intención de terminar la historia con una nota de esperanza; tal vez, incluso, de un “avivamiento mesiánico”.
Esta fue una pequeña, pero aun así una evidencia, de que Dios no había terminado de bendecir y restaurar a su pueblo, lo que presagiaba una bendición y restauración aún más grandes que estaban por venir. ¿Se debería suponer que el rey de Babilonia tuvo más cuidado de Joaquín que el que Dios tendrá de nosotros?
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
