Nabucodonosor usó un método común de ataque en aquellos días contra las ciudades amuralladas: la sitió, y levantó torres. Un sitio, tenía la intención de rodear una ciudad e impedir todo negocio e intercambio al dificultar la entrada y la salida y, eventualmente, matar de hambre a la población hasta que se rindiera. Los babilonios inicialmente dependían de un estricto control y usaron “torres de vigilancia” en vez de “obras de sitio”; permitieron irse a los que lo deseaban, pero privaron de comida a la ciudad. Esta es la primera vez en Reyes que se data un evento de la historia de Israel por una era extranjera. Había hambre en la ciudad: Este era el objetivo del sitio. Esto indica que Nabucodonosor y los babilonios estaban a punto de lograr la victoria sobre Jerusalén. El año y medio de sitio puede ser debido a 1. La ausencia de Nabucodonosor en Ribla y su preocupación por contener los puertos fenicios. 2. Su alerta contra la potencial intervención de Egipto para ayudar a Sedequías.
En este punto desesperado para Judá en el sitio de Jerusalén, Sedequías hizo un último intento por escapar de la sujeción del sitio total que estaba por tener éxito. Planearon abrir secretamente una brecha a través de los muros de la ciudad y las líneas de sitio de los babilonios, usando una táctica de distracción. Parece que el ejército se dispersó para evitar la captura; algunos relacionan la profecía de Abdias 1 sobre Edom con este tiempo. El ejército de los caldeos siguió al rey, y lo apresó en las llanuras de Jericó: Esta era una distancia considerable desde Jerusalén. Sedequías probablemente pensó que esta estrategia había sido exitosa, y que había escapado al juicio que los profetas como Jeremías le habían prometido. Sin embargo, la palabra de Dios demostró ser verdadera cuando fue capturado en las llanuras de Jericó.
Parece irónico que aquí, en el mismo lugar donde Israel tocó por primera vez la Tierra Prometida, el último de los reyes davídicos fue capturado y su monarquía destruida. Aquí, donde Israel experimentó su primera victoria cuando los muros de Jericó cayeron ante el desarmado ejército que confió en Dios, fue la escena de su última derrota. Los babilonios no eran conocidos por ser crueles como los asirios que conquistaron el reino de Israel unos 150 años antes, pero aun así eran expertos en crueldad por derecho propio. Ellos se aseguraron de que la última imagen del rey Sedequías fuera el asesinato de sus propios hijos, y que luego pasara el resto de su vida en oscuridad. Esto cumplió la misteriosa promesa de Dios hecha a través de Ezequiel sobre Sedequías poco antes de la caída de Jerusalén: “Mas yo extenderé mi red sobre él, y caerá preso en mi trampa, y haré llevarlo a Babilonia, a tierra de caldeos, pero no la verá, y allá morirá Ezequiel 12. Los prisioneros ciegos eran algo poco común, pues la mayoría eran puestos a trabajar. Si Sedequías hubiera prestado atención a la palabra del profeta se hubiera salvado a sí mismo y a Jerusalén, pues él iba morir en Babilonia. Sin ojos, y atado en cadenas, fue llevado a la corte del conquistador. El símbolo de las personas que se habían rebelado contra Dios, había sido roto en pedazos. Los ojos de aquella mente habían sido sacados mucho tiempo atrás; de otra forma hubiera previsto y evitado este mal —si hubiera tomado la advertencia de lo que le fue predicho.
Josefo dice que Nabucodonosor “mantuvo a Sedequías en prisión hasta que murió; y luego lo enterró magníficamente”. Esto concuerda con Jeremías 34. El gran templo de Salomón ahora estaba convertido en ruinas. Y permanecería en ruinas por muchos años, hasta que fuera humildemente reconstruido por los exiliados que regresaron en los días de Esdras. El Talmud declara que cuando los babilonios entraron al templo, tuvieron ahí un festejo de dos días para profanarlo; luego, en el tercer día, prendieron fuego al edificio. El Talmud agrega que el fuego ardió todo ese día y el siguiente. Así el templo fue destruido en el undécimo año de Sedequías, el decimonoveno de Nabucodonosor, el primero de la XLVIII Olimpiada, en el año ciento sesenta de la era de Nabonasar, cuatrocientos veinticuatro años tres meses y ocho días después de que Salomón puso su primera piedra.
Los muros de Jerusalén —la seguridad física de la ciudad— ahora estaban destruidos. Jerusalén ya no era un lugar de seguridad y confianza. Los muros permanecerían en ruinas hasta que fueron reconstruidos por los exiliados que regresaron en los días de Nehemías. Nabuzaradán, capitán de la guardia es el título en hebreo y es, literalmente, “el verdugo principal” o “el asesino”. Metódicamente, comenzó a demoler la hermosa ciudad, quemando el palacio y los edificios principales, rompiendo las murallas, y destruyendo el templo. Esta era la tercera ola principal de cautiverio; todo el pueblo que quedaba, excepto los pobres de la tierra. De los hombres prominentes de Jerusalén, solo fueron dejados atrás Jeremías y Gedalías. La posición de Jeremías sobre la situación con Babilonia era, sin duda, bien conocida. En hebreo, los primeros doce versículos del capítulo son una sola y larga oración, cada verso inicia con “y”. Oración es apilada sobre oración en una especie de ritmo, como si cada una fuera otra marca del reloj contando las últimas horas de Jerusalén. Cuando el pueblo que quedaba estaba siendo llevado cautivo a Babilonia, también lo fueron los artículos valiosos que quedaban en el templo. Jerusalén fue desolada, completamente saqueada bajo el juicio de Dios.
Pastor Carlos Umaña
Comunidad Cristiana Lifehouse.
