Aceptamos a los débiles en la fe, pero no para empezar un debate con ellos sobre opiniones. Estas son palabras que se deben tomar en serio. Pablo nos advierte que no hagamos de la madurez espiritual un requerimiento para el compañerismo. Debemos distinguir entre alguien que es débil y alguien que es rebelde. Hay varias razones por las cuales un cristiano pueda ser débil. Puede que sean bebés en Cristo. Puede que estén enfermos por el legalismo. Puede que estén desnutridos por falta de buena enseñanza o puede que les falte ejercicio necesitando exhortación.

Como ejemplo de una opinión, Pablo se fija en aquellos que se niegan a comer carne por una razón espiritual. Quizás la rechazaron porque temían que fuera carne sacrificada a un dios pagano (como pasó en 1 Corintios 8). Quizás se negaron a comer carne porque no era kosher, y se mantenían en las regulaciones y tradiciones de la dieta judía. Debido a que algunos cristianos no veían nada de malo en esta carne y otros veían mucho mal en ella, este era un tema candente entre los creyentes en los días de Pablo. Si bien el tema de no comer carne por razones espirituales ya no es directamente relevante para la mayoría de los cristianos hoy en día, hay muchos asuntos en donde algunos creyentes creen de una manera y otros creen de otra.

En la mente de Pablo, el hermano débil es el más estricto. No es que fueran más débiles en su vida cristiana debido a lo que comían o no, sino que eran más débiles debido a sus actitudes legalistas y su falta de amor hacia los demás. Sin duda estos débiles no se veían a sí mismos como débiles. Es probable que se pensaran fuertes, y que los que comían carne eran los débiles. El legalismo tiene una manera de hacernos pensar que somos fuertes y que aquellos que no cumplen con las reglas de la manera que ellos si lo hacen, son débiles.

Sería fácil para un cristiano que se siente libre de comer carne menospreciar a otros como legalistas desesperanzados. También sería fácil para aquellos que no comían carne juzgar a los que sí lo hacían. Pablo nos recuerda que no es nuestro lugar juzgar al compañero cristiano. Ellos se paran o caen ante su propio Amo, Dios. Hay mucha división inútil y dañina entre los cristianos sobre cosas tontas y sin sentido. Pablo no les dice a estos cristianos que deben borrar sus diferencias; les dice que se levanten por encima de ellas como hermanos y hermanas cristianos. Al hablar del asunto de observar ciertos días, Pablo nos hace saber que está hablando más de principios que de cuestiones específicas.

Cada uno esté plenamente convencido en su propia mente: En tales asuntos, Pablo está dispuesto a dejarlo a la consciencia del individuo. Pero hagamos lo que hagamos, debemos ser capaces de hacerlo para el Señor, no usando a la “consciencia” como excusa para comportamientos obviamente pecaminosos.

Debemos entender que de principio a fin nuestra vida está conectada a otras vidas. Pablo les recuerda a los cristianos romanos que “ningún hombre es una isla”. Sea que vivamos, o que muramos, del Señor somos: De principio a fin, nuestras vidas deben estar dedicadas a Dios. Por lo tanto, hagamos lo que hagamos, lo hacemos para el Señor, porque Jesús es nuestro Señor.

Probablemente, el uso de “juzgas y menosprecias” tiene la intensión de tener aplicación para los individuos “estrictos” como para los “libres”. En cualquier caso, la actitud está mal porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Al cristiano estricto le resultó fácil juzgar a su hermano, clasificándolo como un hermano no espiritual que come carne. Al cristiano libre le resultó fácil menospreciar a su hermano, teniéndole como un legalista santurrón. La respuesta de Pablo, esencialmente, es “No te preocupes por tu hermano. Tú ya tienes suficiente para responder delante de Jesús”.

El tribunal de Cristo es un tema, equivalente al tribunal del juez en los Juegos Olímpicos. Después de cada juego, los ganadores venían delante del tribunal del juez para recibir las coronas de primer, segundo y tercer lugar. De la misma manera, las obras del cristiano serán probadas con fuego, y él será recompensado por lo que permanezca. El tribunal de Cristo solo se ocupa de las recompensas y la posición del cristiano en el reino, no de su salvación. La cita de Isaías 45:23 enfatiza el hecho de que todos tendrán que presentarse delante de Dios con humildad, y dar a Dios cuenta de sí. Si este es el caso, debemos dejar que Dios trate con nuestro hermano. La clave para edificar la iglesia está en lograr la unanimidad en el amor, es decir, en temas esenciales de la fe. Dejemos de pensar que somos los únicos que tenemos la razón aceptemos las opiniones de los demás y alentemos amorosamente a otros a vivir para el Señor.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.