David habla a los poderosos de esta tierra y les advierte que vean más allá de sí mismos y pongan su mirada en Jehová Dios de Israel. Aunque se consideren poderosos, y los demás los consideren así, deben reconocer su obligación para con Jehová Dios. Este salmo es notable por su énfasis en el nombre: “Jehová” utilizándola unas 18 veces en estos 11 versículos. Este es el nombre tomado por el Dios del pacto de Israel, traducido por los judíos con la palabra de reemplazo Señor en reverencia al santo nombre. David llamaba a estos poderosos de la tierra para que reconocieran que el Señor tiene la gloria y el poder que superan con creces las suyas. Cuando le dan a Jehová estas cosas, no le están dando ni atribuyéndole cosas que Él no tenía antes. Están reconociendo las cosas como realmente son, porque Dios está lleno de la gloria y el poder. Ni los hombres ni los ángeles pueden conferir nada a Jehová, pero deberían reconocer su gloria y poder, y atribuírselo a él en sus cantos y en sus corazones.

Dad. Esta es la tercera vez que esta palabra se usa en tres líneas. “Dad, dad, dad. Esto muestra cuán reacios están estos a dar a Dios su derecho, o a sufrir una palabra de exhortación con este propósito. Hermosura y santidad no suelen ser ideas conectadas en nuestra cultura popular. Sin embargo, en realidad, hay un encanto y un atractivo incomparables en la verdadera santidad. Si un supuesto tipo de santidad tiene poca belleza, se puede cuestionar si es verdadera santidad. Hay cuatro pasajes bíblicos que presentan la idea de la hermosura de la santidad (1 Crónicas 16:29, 2 Crónicas 20:21, Salmo 29:2 y Salmo 96:9), y cada uno de ellos asocia la adoración o alabanza con el concepto. Percibir la hermosura de la santidad debería impulsarnos a la verdadera adoración y alabanza.

La voz de autoridad de Dios proclama Su dominio sobre las aguas. Esta es la primera de siete descripciones de la voz de Jehová en este salmo. Cada uno enfatiza la idea de la fuerza y autoridad de Dios expresada a través de Su voz. La asociación del trueno y la voz del Señor sugiere que este salmo fue inspirado por David cuando fue testigo de una gran tormenta. Oyó el poder del trueno y lo asoció con la voz de Dios, ya que resuena desde lo alto; sobrepasa todos los demás sonidos, inspira asombro, es completamente independiente del hombre y se ha utilizado en algunas ocasiones como el gran acompañamiento del discurso de Dios a los hijos de Adán. Éxodo 9:28 (en el texto hebreo) también asocia la voz de Dios con el trueno, como lo hace Éxodo 19:16, cuando Israel escuchó de Dios en el monte Sinaí. Además, dos pasajes de Job claramente establecen esta conexión. Los antiguos cananeos reconocían deidades sobre el mar (el dios Yam) y al dios de la fertilidad y el trueno (Baal). Aquí David reconocía que Yahvé, el Dios del pacto de Israel, era el verdadero Amo de las muchas aguas, y el Dios de gloria que truena. Los científicos calculan que una tormenta eléctrica típica (ni siquiera el tipo de tormenta grande o importante descrita aquí por David) libera alrededor de 10,000,000 kilovatios-hora de energía – el equivalente a una ojiva nuclear de 20 kilotones. Las tormentas todavía son ejemplos del enorme poder de Dios.

Los cedros del Líbano eran famosos por su tamaño y fuerza. Sin embargo, la voz del Señor es tan fuerte que quebranta estos árboles poderosos y hace volar su madera. Una vez más, podemos imaginarnos un poderoso rayo golpeando y destrozando un fuerte árbol de cedro. David vio esto y pensó: “La voz del Señor es así, ¡aunque aún más poderosa!”. David podía ver el efecto de los relámpagos y comprendía que eran una ilustración del poder y el efecto de la palabra de Dios. Este sentido de gloria se le da aún más apropiadamente al Señor en su templo. Allí, el pueblo de Dios no tiembla de miedo de la tormenta, sino de su gran Dios – a quienes ellos dan gloria.

David vio la tormenta traer una avalancha de lluvia, y le hizo pensar en el relato del Génesis del diluvio, recordándolo como una demostración notable del poder y la autoridad de la voz de Dios. El Salmo 29:10 es el único lugar en el Antiguo Testamento donde aparece esta palabra hebrea en particular para diluvio, excepto en la narrativa clásica del diluvio de Génesis 6-9. El diluvio fue una expresión radical de la autoridad de Dios; sin embargo, su autoridad no acabó con esas muchas generaciones atrás. El Señor Dios continúa sentado como rey para siempre. El poder de Dios puede venir como una tormenta destructiva sobre la creación y sobre aquellos que se rebelan contra Dios. Sin embargo, el pueblo de Dios puede estar seguro de que Él los bendecirá con paz, y el poder de Dios les llegará como un consuelo, no como una tormenta. Durante la tormenta dará poder a su pueblo. Al seguirlo, les dará paz.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.