Aquí el Rey David expresó la gran confianza de que Dios contestaría las oraciones de Su pueblo. Dios salvaría (rescataría) al rey (su ungido). En un sentido cada rey de Israel era el ungido de Dios debido a que eran asignados a su cargo por medio de una unción literal, derramando aceite en su cabeza. Esta unción literal con aceite era una ilustración del ungimiento espiritual con el Espíritu Santo, necesitado para su deber de conducir al pueblo de Dios como rey. Al decir “Su ungido,” David se refiere a sí mismo como rey. Al mismo tiempo también entendió de que llegaría un Ungido definitivo, el Rey perfecto de Israel –el Cristo, el Mesías (como en Salmo 2 y otros). El verbo ‘salva’ viene de la misma raíz que ‘victorioso’ y que puede ceder a la traducción de que ‘el Señor dará la victoria a su ungido. También esta palabra (en el Salmo 20:6 y 20:9) viene de la misma raíz en hebreo que para el nombre de Jesús. Esto confirma y refuerza la idea de que Jehová salva a Su ungido. Es hecho salvo porque se le oirá, Dios no se mantiene en silencio para con Su ungido. Dios oye y envía ayuda desde Su trono con poder, con potencia salvadora, con habilidad y favor, con la potencia de su diestra. Cada uno de estos fue vedad para el Rey David, pero de una manera perfecta más cierta para el Hijo de David, el ungido definitivo del Señor.

David sabía en lo que los reyes y sus pueblos usualmente confiaban – en la fuerza humana y en los caminos en los que a menudo son expresados (en carros y en caballos). Si fuera escrito hoy, David pudiera haber dicho algo como, “Algunos confían en armas nucleares, y algunos en tanques.” Es parte de la naturaleza humana el poner la confianza en tales cosas. Los carros y caballos eran muy terribles, especialmente para los soldados primerizos, los cuales no estaban acostumbrados a dichas imágenes en el campo. Parte de la razón por la cual David se rehusó a confiar en carros y caballos fue porque Dios se lo había ordenado en la Ley de Moisés, de que los Reyes de Israel no multiplicarían caballos para sí mismos, ya sea para el uso de la caballería o para jalar carros de guerra (Deuteronomio 17:16). David puso un gran contraste. “Ellos confían en esas cosas, más nosotros confiamos en Dios.” En la guerra espiritual, a la cual todos somos llamados, el primer paso necesario para la victoria es renunciar a toda confianza en la sabiduría y fuerza humana y del mundo; y el recordar que no podemos hacer nada, sino por el nombre, por los méritos, por medio de la potencia, y por el bien de Cristo Jesús, nuestro Señor, y nuestro Dios.

David pone su confianza en la persona, el carácter de Dios. No llevó el nombre de Jehová como un encantamiento mágico; más bien, el nombre habla del comprensivo carácter de Dios y es una expresión de Su fidelidad a Su pacto con Israel. Por el nombre de Dios es generalmente entendido, en la Santa Escritura, las varias propiedades y atributos de Dios: estas propiedades y atributos hacen y constituyen el nombre de Dios. Como cuando dijo Salomón: El nombre del Señor es una torre fuerte; el justo correrá a él y será salvo. Dios – era más fuerte para David e Israel que miles de carros o caballos. Por tanto, sentimos un desafío triunfante en David cuando dice, “tendremos memoria.” El reconoce lo fácil que es olvidar, y que contra intuitivo a la naturaleza humana es el confiar en Dios en lugar de la fuerza y recursos humanos.

La confianza de David en Dios podía ser justificada en muchos fundamentos, pero uno de ellos era sencillamente fundamentos practicos – confiando en la obra de Dios, y David lo vio. Aquellos que confiaban en carros y caballos flaquean y caen. Aquellos que tenemos memoria del nombre del Señor nos levantamos, y estamos en pie. Salva, Jehová; Que el Rey nos oiga en el día que lo invoquemos: El rescate del cual David confiadamente cantó aun no había llegado completamente. Él aun necesitaba clamar, “Salva, Jehová”. Él aun tenía su confianza en que el Señor contestaría. Este es el lenguaje de fe, no después de la batalla, pero si antes de ésta. La frase final, literalmente, ‘en el día de nuestro llamamiento’, hace eco al versículo inicial.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.