Esta no es realmente una parábola; Es una descripción de una futura escena de juicio después de la gloriosa segunda venida de Jesús. Jesús aquí, o fue culpable de megalomanía (delirio sobre el propio poder o importancia de uno) o realmente es el Señor de gloria, quien juzgará a las naciones desde su trono. Aparentemente este trono está presente en la tierra, porque sucede cuando el Hijo del Hombre venga en su gloria. En tres días el Maestro sería crucificado; Él tenía a su alrededor a un puñado de discípulos: uno lo traicionaría, uno lo negaría, y los demás lo abandonarían; sin embargo, Él habló de “todos los santos ángeles con él”. Vivió en total simplicidad, casi en pobreza, y fue rechazado por casi todos los hombres grandes y poderosos de este mundo; sin embargo, dijo que se “sentará en su trono de gloria”.

Este juicio particular parece distinto del juicio ante el gran trono blanco descrito en Apocalipsis 20 por varias razones. Sucede en un tiempo diferente. El juicio ante el gran trono blanco claramente sucede después del reinado de 1,000 años de Jesucristo y sus santos. El juicio de las naciones de Mateo 25 sucede inmediatamente después del glorioso regreso de Jesús. Sucede en un lugar diferente. El juicio ante el gran trono blanco sucede en el cielo; el juicio de las naciones de sucede en la tierra. El juicio ante el gran trono blanco de incluye enfáticamente a todos los hombres y mujeres no redimidos. El juicio de las naciones parece incluir solo a las naciones, es decir, a los gentiles que son juzgados en gran medida por su amabilidad y cuidado hacia el pueblo judío. Puede ser que el pueblo judío que sobreviva la gran tribulación no este en este juicio a las naciones. Sucede en fundamentos diferentes El Hijo del Hombre –Jesús mismo– tiene la autoridad de dividir a la humanidad en este juicio. No hay tres categorías, sino solo dos: ovejas y cabritos, derecha e izquierda. En el campo las ovejas y los cabritos se mezclaban durante el día. Por la noche normalmente eran separadas: las ovejas toleran el aire fresco, pero los cabritos tienen que ser reunidos para mantener el calor.

Esto es verdadero del juicio final, cuando la humanidad será dividida en dos grupos y solo dos. Al final de la gran tribulación, la población de la tierra será grandemente reducida por varios factores: El rapto de la iglesia se llevará a muchos millones de creyentes de la tierra. La persecución y el martirio de muchos de los que creerán en Jesús después del rapto y durante la gran tribulación se llevarán a muchos de la tierra. La terrible muerte y destrucción de la gran tribulación se llevará a muchos de la tierra. La catástrofe de la batalla de Armagedón y el glorioso regreso de Jesús a la tierra se llevará a muchos de la tierra. Sin embargo, uno puede asumir que incluso con la grandeza de todas estas, habrá muchas personas –tal vez 3 billones o más– que aún permanecerán en la tierra después de que Jesús regrese en poder y gloria al final del último periodo de siete años. Entre estos estarán los 144,000 que fueron especialmente sellados y preservados a través de la gran tribulación y que estarán junto al Cordero de Dios en el Monte Sion en su glorioso regreso. Es válido preguntar, ¿Qué sucederá con todas estas personas que sobreviven la gran tribulación y Armagedón? Este juicio de las naciones responde esa pregunta.

La recompensa para los de su derecha (las ovejas) es que entrarán en el reino del Padre. Fueron aprobados sobre la base de sus obras. No se menciona la fe ni el perdón aquí. Este juicio estaba basado solamente en su bondad moral. Esta es otra clara distinción entre este juicio de las naciones y el juicio final. El juicio ante el gran trono blanco se basa en lo que está escrito en el Libro de la vida; el juicio de las naciones se basa en el trato humano de los demás, especialmente los cristianos y el pueblo judío (quienes serán particularmente odiados y perseguidos durante la última mitad de la gran tribulación). Aunque los hermanos judíos y cristianos de Jesús puedan ser los primeros en mente, conociendo la naturaleza de Jesús, podemos decir que no excluye a otros, como los pobres, necesitados y en sufrimiento, en primer lugar.

El cargo contra los perdidos no era en referencia a ninguna violación moral evidente, sino a su actitud indiferente hacia Jesús (y su pueblo). Esa indiferencia selló su destrucción. A lo largo de este capítulo, el punto ha sido enfatizado: el precio de la indiferencia es demasiado alto para pagar. No podemos permitirnos ser indiferentes hacia Jesús y su regreso, hacia el Espíritu Santo que nos prepara para el regreso de Jesús, hacia los recursos que Dios nos da, hacia las personas necesitadas a nuestro alrededor, hacia la humanidad perdida que será juzgada. Jesús claramente señala que el infierno fue preparado para el diablo y sus ángeles. Los hombres solo van ahí porque voluntariamente han echado su suerte con el diablo y sus ángeles. Algunos sugieren que los aquí llamados, malditos son eventualmente rehabilitados y llevados al cielo (la idea de mayor esperanza); otros creen que eventualmente cesarán de existir (la idea de la aniquilación). Sin embargo, hay buenas razones para creer que la palabra usada en este pasaje da la idea de algo que es realmente eterno. El propósito de este juicio de las naciones es separar a las personas antes del inicio del reino milenario de Jesús. Los malvados y crueles no entrarán; los morales y buenos entrarán.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.