La pregunta de un abogado entre los fariseos: ¿Cuál es el gran mandamiento? Mateo nos da una escena fascinante de los oponentes de Jesús trabajando duro para avergonzarlo, y trabajando sin éxito. La tercera pregunta también fue planeada como una trampa. Al pedirle a Jesús que escogiera un gran mandamiento, esperaban hacer que Jesús descuidara otra área de la ley. Los rabinos contaron 613 mandamientos de la ley; y los distinguían entre el grande y el menor. Estos últimos consideraban que podrían ser ignorados o violados con poca o ninguna culpa. Comprendiendo perfectamente la esencia de la ley, Jesús no tuvo dificultad en responder. En vez de promover un mandamiento sobre otro, Jesús definió la ley en sus principios centrales: amarás al Señor con todo lo que tienes y amarás a tu prójimo como a ti mismo. Es suficientemente claro lo que significa amar al Señor con todo lo que tenemos, aunque es imposible hacerlo a la perfección. Pero ha habido mucha confusión sobre lo que significa amar al prójimo como a uno mismo. Esto significa que de la misma forma en que cuidamos de nosotros mismos y nos preocupamos por nuestros propios intereses, debemos cuidar e interesarnos por los intereses de otros.

La expectativa moral de Dios sobre el hombre se puede decir breve y poderosamente en estas dos oraciones. Si la vida de Dios es real en nuestra vida, se mostrará por la presencia de este amor por Dios y los demás. Moisés resumió todo en los diez mandamientos, a los cuales, verdaderamente interpretados, todos los preceptos de las Escrituras son reducidos. Aquí Cristo convierte los diez en dos. Antes de que pudieran pensar en otra pregunta para probarlo, Jesús les hizo una pregunta. ¿Qué pensáis del Cristo? ¿De quién es hijo? Esto era similar a la pregunta que Jesús les hizo a sus discípulos en Mateo 16:13-15 (y vosotros ¿quién decís que soy yo?). Jesús confrontó a sus oponentes con la necesidad de decidir quién era Él, conectándose a sí mismo con la comprensión del Antiguo Testamento del Mesías (el Cristo). De David: Este es uno de los grandes títulos del Antiguo Testamento para el Mesías (Hijo de David). Basado en el pacto que Dios hizo con el rey David en 2 de Samuel 7, identifica al Cristo como el descendiente escogido del linaje real del rey David. Es posible que los fariseos no sabían o se habían olvidado de que Jesús era del linaje del rey David y incluso había nacido en Belén, la ciudad de David. Cuando Jesús recién entró en Jerusalén se notó que era de Nazaret, y tal vez su conexión con el rey David era desconocida o había sido olvidada. Los fariseos estaban parcialmente en lo correcto al decir que el Mesías es el Hijo de David. Pero no tenían un entendimiento completo sobre quién es el Mesías. Él no solamente es el Hijo de David (una referencia a su humanidad), sino que también es el Señor de David (una referencia a la deidad de Jesús, el Mesías). La fuerza del argumento de Jesús depende de su uso del Salmo 110, el capítulo del AT citado con mayor frecuencia en el NT. Esta es la idea comunicada en Apocalipsis 22:16: Yo soy la raíz y el linaje de David, y Romanos 1:4, el cual muestra a Jesús como el Hijo de David y él Hijo de Dios. No debemos descuidar ninguna de las facetas de la persona de Jesús. Él es verdaderamente hombre y verdaderamente Dios, y solo puede ser nuestro Salvador si es ambos. La explicación sencillamente brillante de Jesús de las Escrituras puso a los fariseos a la defensiva. Ellos no querían admitir que el Mesías también era el Señor Dios, pero Jesús mostró que esto es cierto de las Escrituras. ¿Qué quiso decir Jesús? Solo pudo haber querido decir una cosa: que la verdadera descripción sobre su persona es Hijo de Dios. Hijo de David no es un titulo apropiado; solo Hijo de Dios bastará.

Los líderes religiosos esperaban atrapar a Jesús y avergonzarlo frente a los peregrinos de la Pascua que llenaban Jerusalén y lo escuchaban enseñar. Sin embargo, Jesús terminó avergonzándolos a ellos. Sin embargo, incluso su silencio fue un tributo. El maestro que nunca fue a las escuelas correctas confunde a los más grandes teólogos en la tierra. Y si su pregunta era imposible de responder en ese momento, un joven fariseo; que pudo haber estado en Jerusalén en ese momento, la respondería a su debido tiempo. La lógica y la retórica probaron ser inútiles para atacar a Jesús. Ahora sus enemigos usarían en su lugar la traición y la violencia. Jesús había terminado de debatir con los líderes religiosos. De ahora en adelante no debatiría con las autoridades, sino que los pasaría de largo y se dirigiría a las multitudes.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.