El evangelio nos dice: que Jesús terminó de dar instrucciones a sus doce discípulos: Según Bruce, predicar en las ciudades no se refiere a las ciudades de los discípulos, sino a las ciudades de Galilea. De esta manera, Jesús dio a sus discípulos comisionados espacio para hacer su trabajo. Juan envió dos de sus discípulos a Jesús para hacerle una pregunta. También es posible –pero quizás menos probable– que Juan no haya hecho esta pregunta por su propio bien, sino por el bien de sus discípulos: quería que fueran a Jesús y le hicieran esta pregunta por sí mismos, causando que su atención se enfocara en Jesús. El arresto de Juan es mencionado en Mateo 4:12; la historia completa de su encarcelamiento esperará hasta Mateo 14:3-12. Herodes Antipas de Galilea había ido a visitar a su hermano en Roma. Durante esa visita sedujo a la esposa de su hermano. Regresó a su casa, despidió a su propia esposa y se casó con la cuñada a quien había alejado de su marido. Pública y severamente, Juan reprendió a Herodes. Nunca era seguro reprender a un déspota oriental y Herodes se vengó; Juan fue arrojado al calabozo de la fortaleza de Maqueronte en las montañas cerca del Mar muerto.

La pregunta fue: ¿Eres tú aquel que había de venir, o esperaremos a otro? Su duda actual puede ser porque tal vez él mismo había entendido mal el ministerio del Mesías. Tal vez pensó que, si Jesús era realmente el Mesías, realizaría obras milagrosas con referencia a la liberación política de Israel, o al menos la liberación de Juan, que estaba en prisión. La respuesta de Jesús a los discípulos de Juan el Bautista fue: dile a Juan que la profecía acerca del Mesías se está cumpliendo. Jesús quería asegurarle a Juan y a sus discípulos que Él era el Mesías. Pero también les recordó que su poder sería presentado principalmente por medio de actos humildes de servicio, satisfaciendo necesidades individuales, y no en presentaciones espectaculares o liberación política.

Jesús sabía que el enfoque de su ministerio era ofensivo para las expectativas del pueblo judío, quienes anhelaban la liberación política de la dominación romana. Pero había bendición para aquellos que no hallaran tropiezo por el Mesías quien venía en contra de las expectativas del pueblo. Jesús les recordó que Juan era un heraldo del Mesías escogido por Dios, no un alguien que complace al hombre o a sí mismo. En realidad, él era más que profeta, porque solo él tenía el ministerio de servir como el heraldo del Mesías. Por eso, fue el mayor de los profetas y el mayor de los hombres. Mateo notó que este ministerio del heraldo del Mesías fue profetizado en Isaías 40:3 y Malaquías 3:1. Aunque algunos podrían ponen a Juan en una mala posición por sus aparentes dudas con respecto a Jesús, Jesús mismo habló muy bien de Juan. Juan a menudo había dado testimonio de Jesús; ahora Jesús da testimonio de Juan. Juan era estable, no se sacudía fácilmente como una caña, era sobrio, ya que vivió una vida disciplinada, no estaba enamorado de los lujos y las comodidades de este mundo, era un siervo, un profeta de Dios, fue enviado, como un mensajero especial del Señor, era especial, ya que podía ser considerado el mayor bajo el Antiguo pacto, era segundo incluso al más pequeño en el reino bajo el Nuevo pacto. Pero, aunque Juan fue mayor, no fue nacido de nuevo bajo el Nuevo pacto. Esto es porque vivió y murió antes de que se cumpliera la obra de Jesús en la cruz y la tumba vacía. Por lo tanto, no disfrutó de los beneficios del Nuevo pacto. La referencia de Jesús a la violencia del verso 12 se refiere tanto a la intensidad de la guerra espiritual que rodea el ministerio de Jesús como a Su heraldo, y también a la intensidad requerida para perseverar en seguir a Dios y su reino. El reino nunca será recibido de una manera pasiva. Jesús vio que una era terminaba con Juan; todos los profetas y la ley anticipaban a Juan y su ministerio como un heraldo. En cierto sentido, Juan habló por cada profeta que anunció la venida de Jesús. Bajo el Antiguo pacto, muchos profetas anunciaron: “El Mesías viene”. Solo Juan tuvo el privilegio de decir: “El Mesías está aquí”. Juan también puede ser visto como Elías, en un cumplimiento parcial de Malaquías 4:5. Juan no era realmente Elías, pero sirvió en el mismo espíritu y poder que Elías, así cumpliendo con su “oficio”. Ya que Juan era Elías en este sentido simbólico, Jesús añadió “si queréis recibirlo”.

El que tiene oídos para oír, oiga: Esta era una forma de hablar proverbial usada por Jesús a menudo después de declaraciones importantes, aquí mencionada por primera vez en Mateo. Jesús consideró la naturaleza de su generación actual, y cómo eran selectivos y dudosos en recibir el mensaje de Dios y Sus mensajeros. La idea es que aquellos que tienen un corazón para criticar encontrarán algo que criticar. Muchas personas no estarían contentas con Juan o con Jesús. Jesús citó las críticas que otros hacían contra Él. A pesar de que estas palabras intentaban condenar, se han convertido en palabras maravillosas. Jesús realmente es amigo de pecadores. Lo que al principio era un apodo malicioso, ahora es un nombre de honor: el amante de los pecadores. Sin embargo, el hombre sabio es comprobado sabio por sus acciones sabias. La gente puede criticar a Juan, pero mira lo que hizo: llevó a miles de personas al arrepentimiento, preparando el camino para el Mesías. La gente puede criticar a Jesús, pero mira lo que hizo: enseñó, trabajó, amó y murió como nadie lo ha hecho.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.