Esta parece ser la misma reunión del domingo en la tarde que Jesús tuvo con los once en Juan 20:19-25. En su evangelio, Juan específicamente escribió que Jesús se les apareció estando las puertas cerradas (Juan 20:19). Parece ser que Jesús de repente y quizás milagrosamente se apareció a los discípulos en medio de un cuarto cerrado sin hacer una entrada obvia.

Paz a vosotros, eran palabras con un nuevo significado, ahora que Jesús se había levantado de entre los muertos. Ahora, la verdadera paz podía venir entre Dios y los hombres y en medio de los hombres. En el Señor mismo se encontraba el aire y estilo de alguien que tenía la paz en sí mismo, y que amaba comunicársela a otros. Él era un pacificador, y un dador de paz, y por esta señal ellos fueron movidos a reconocer a su Líder.

Jesús primero mostró sus manos y pies heridos a los discípulos. Con esto, Jesús quería establecer tanto su identidad como su existencia corporal, y que en un estado transformado estaba el mismo cuerpo que tenía antes de la cruz, en la cruz, y puesto en la tumba. Es maravilloso considerar que el cuerpo resucitado de Jesús retiene las heridas que recibió en sus sufrimientos y crucifixión. Hay muchas razones posibles para esto.

. Para exhibir las heridas a los discípulos, para que ellos pudieran saber que era el mismo Jesús. · Para ser el objeto de admiración eterna de los ángeles. · Para ser sus adornos, trofeos del gran trabajo que hizo por nosotros. · Para memorizar las armas con las que había derrotado a la muerte. · Para servir como defensa en su perpetua intercesión por nosotros. · Para preservar la evidencia del crimen de la humanidad en su contra.

En el caso de los apóstoles los hechos eran probados hasta el máximo, y la verdad no fue admitida hasta que fue forzada sobre ellos. No estoy disculpando la incredulidad de los discípulos, pero afirmo que su testimonio tiene más peso en ella, porque era el resultado de esta gran investigación. Jesús quería asegurarles que él era un cuerpo físico real, aunque de un orden diferente al de nuestros propios cuerpos. El Jesús resucitado no era un fantasma. Él claramente negó que su resurrección fuera solo de su Espíritu, porque los invitó a tocar sus manos y sus pies. Las evidencias de un cuerpo material son abundantes. El recuento se refiere precisamente a refutar la noción de que Jesús se levantó solo como un espíritu, o como un fantasma. Más bien, Él se levantó en espíritu y en cuerpo; es decir, en un cuerpo espiritual.

Algunos hacen mucho del hecho de que Jesús dijo que su cuerpo tenia carne y huesos y no la frase más normal de carne y sangre. La idea es que tal vez el cuerpo resucitado de Jesús no tenía sangre, y que quizás tampoco la tendrán los nuestros. También es posible que Jesús dijo carne y huesos porque la sangre no puede sentirse, pero los huesos pueden sentirse al tocar. Curiosamente, el gozo del momento los mantuvo alejados de la fe. Esto puede haber sido cierto en el sentido de que nosotros podemos creer que algo es demasiado cierto para ser verdad. Sin embargo, también es cierto que Dios quiere de nosotros una fe razonada y bien pensada, no una simple creencia fácil. Jesús quería que ellos pensaran y creyeran. Luego una gran alegría, como una marea, se apoderó de ellos. Y no podían creer, estaban tan contentos.

No hace mucho tiempo, Cristo los encontró dormidos de tristeza y ahora los encontró no creyendo de alegría. No olvidemos, entonces, que el gozo puede obstaculizar la fe. Puede ser un enemigo tan grande para la fe como la tristeza a veces lo es. Hubo varias veces antes de esto cuando el gozo obstaculizó la fe, en el sentido de que algo era demasiado bueno para ser verdad. En Génesis 45:25-26, Jacob no podía creer que José estaba vivo porque las noticias parecían ser demasiado buenas. En Job 9:16, Job dice que si Dios le hubiera contestado él no lo hubiera creído. En el Salmo 126:1 parecía demasiado bueno para ser verdad que Dios se volvió contra de la cautividad de Israel. Cuando Pedro fue liberado de la prisión en Hechos 12, la iglesia no lo creyó.

Para demostrar tanto su identidad como la realidad de su cuerpo espiritual, Jesús comió en su presencia. En la mayoría de las apariciones de Jesús después de la resurrección, Él come con los discípulos. Esta sería otra evidencia poderosa de que este era el mismo Jesús, haciendo algo con ellos que hizo muchas veces antes.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.