La opinión pública les había impedido detener a Jesús. Ahora los enemigos de Cristo intentaban volver al público en contra de Él al hacer que Jesús pareciera estar del lado del gobierno romano. Espías en el original tiene la idea de, Me oculto, para preparar la emboscada. Alguien que se oculta en un lugar secreto para escuchar, atrapar, o herir… No hay duda de que las personas mencionadas en el texto eran hombres de los principios más básicos, y fueron contratados por los fariseos maliciosos para hacer lo que en vano ellos habían intentado lograr.

Maestro, sabemos que dices y enseñas rectamente, y que no haces acepción de persona, sino que enseñas el camino de Dios con verdad: Este era un intento obvio y torpe de influenciar a Jesús con halagos. Ellos esperaban que Jesús fuera lo suficientemente inseguro o tonto como para impresionarse por sus halagos. Aquí hay un guante justo, colocado sobre una mano sucia. ¿Nos es lícito dar tributo a César, o no? El dilema de Jesús con esta pregunta era simple. Si Él dijera que los impuestos debían pagarse, podría ser acusado de negar la soberanía de Dios sobre Israel (haciéndolo impopular con el pueblo judío). Si Él dijera que los impuestos no debían pagarse, se convertiría en enemigo de Roma. Roma había exigido durante mucho tiempo a los judíos de Palestina que pagaran impuestos, y al menos desde el año 6 d.C. eran forzados a pagar impuestos directamente al tesoro del emperador. Algunos patriotas judíos (como los zelotes) se rehusaban, no queriendo reconocer el gobierno de Roma como legítimo. La mayoría de la gente lo pagaba de mala gana.

Si había algo de exasperación en la voz de Jesús cuando dijo esto, no era solo de su parte. Es fácil imaginar que Jesús pensó: “¿Por qué siguen probándome cuando siempre pierden? ¿Cuánto tiempo intentarán sacar lo mejor de Mí?” ¿De quién tiene la imagen y la inscripción?: Esencialmente, Jesús dijo: Ustedes reconocen la autoridad civil de César cuando usan sus monedas, por lo tanto, están obligados a pagarle los impuestos que él les pide. El denario tenía la cabeza de Tiberio y la inscripción decía: Tiberio César, hijo del divino Augusto, Augusto. La imagen y las inscripciones de monedas antiguas podían ser entendidas como un sello de propiedad; las monedas pertenecían a César. Se puede aprender una lección espiritual de lo que está inscrito en las monedas emitidas en los Estados Unidos, dado que cada frase tiene una conexión con la vida cristiana. En Dios confiamos, libertad, de entre muchos, uno. Jesús afirmó que el gobierno nos hace solicitudes legítimas. Nosotros somos responsables ante Dios en todas las cosas, pero debemos ser obedientes al gobierno en asuntos civiles y nacionales. Pedro lo dijo de esta manera: Teman a Dios. Honren al rey. Jesús está diciendo que somos ciudadanos del cielo y de la tierra al mismo tiempo. Todo cristiano tiene doble ciudadanía. Él es un ciudadano del país en el que vive. A él le debe muchas cosas. Le debe la seguridad contra los hombres sin ley que solo un gobierno establecido puede dar; y le debe todos los servicios públicos.

En su comentario de Mateo 22, R.T. France escribió: Dar generalmente significa ‘devolver’ (donde el verbo que utilizaron en el versículo 17 era simplemente ‘entregar’). Es el verbo para pagar un recibo o liquidar una deuda; se lo deben a él. Todos tenemos la imagen de Dios impresa sobre nosotros. Esto significa que pertenecemos a Dios, no a César, ni siquiera a nosotros mismos. Establece los límites, regula los derechos, y distingue la jurisdicción de los dos imperios de la tierra y del cielo. La imagen de príncipes colocadas en sus monedas denota que las cosas temporales les pertenecen a los gobiernos. La imagen de Dios estampada en el alma denota que todas sus facultades y poderes pertenecen al Altísimo, y deben ser empleados en su servicio. Si los judíos hubieran entregado a Dios lo que debían, nunca habrían tenido que rendirle nada al César. En los tiempos del Nuevo Testamento, ellos nunca hubieran tenido que soportar la opresión ocupante del Imperio Romano si hubieran sido obedientes a su pacto con Dios.

Jesús le dio una respuesta sabia y apropiada a su pregunta. Aun así, tomaron esta respuesta perfecta y la convirtieron en una acusación en Lucas 23:2, cuando acusaron a Jesús de prohibir pagar impuestos al César, cuando en realidad dijo todo lo contrario.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.