Job dice que Dios pasará delante de él, y no lo verá. Recordemos que Jesús podía pasar a través de una multitud enfurecida como si fuera invisible nos lo cuenta Juan 8:59. Nadie le puede decir a Dios, “¿Qué haces?” y en la vida de Jesús sucedería que nadie se atrevería a hacerle más preguntas. Dios no volverá atrás su ira, así que no nos sorprendemos de que algunas veces Jesús mostrara ira. Se dice de Dios, y debajo de él se abaten los que ayudan a los soberbios, y también espíritus malignos cayeron postrados a los pies de Jesús en Marcos 3: 11. ¡Qué ironía tan maravillosa hay en ver a Job intentar describir al Dios inmortal e invisible, y en el proceso pintar un retrato increíblemente exacto del Jesús terrenal! En el capítulo donde Job parece rogar porque Jesús llegara en todos Sus oficios capítulo 9: 32,33, también anticipa poderosa y acertadamente la venida de Jesús.

El problema de Job es claro; él entendía que Dios es justo y poderoso, lo que no puede entender es cómo Dios usará esa justicia o poder para ayudarle. Dios parecía distante e impersonal para Job, y para muchos que sufren. Job sentía que el poder de Dios estaba en su contra, no a su favor. En este sentido no le hacía bien a Job considerar el increíble poder de Dios, porque ese poder parecía haberse puesto en su contra. Cuando Job dice que no es culpable, él no está afirmando que no tiene pecado. No está apoyando la perfección moral. Solo inocencia relativa. Él no cree que haya hecho nada para recibir este tipo de trato. Él vio el poder de Dios como si fuera amoral, una libertad soberana, un poder incontrolable que trabaja misteriosamente para hacer lo que le plazca y que nadie puede detenerlo y preguntar, ¿Qué haces?

Si Job tuviera que proclamar su propia rectitud entonces no sería verdad. Si él fuera proclamar su propia justicia, sus mismas palabras serían evidencia de suficiente orgullo y arrogancia para condenarlo. Si él fuera a proclamar su propia justicia, él diría que Dios está equivocado sobre el hombre. Spurgeon cuenta la historia de un hombre viejo, en Wiltshire, quien, según su propia declaración, tenía ciento tres años, nunca había descuidado su iglesia parroquial, había criado a once hijos, sin recibir ayuda de alguna parroquia, y él esperaba que tarde o temprano, debía regresar con Dios, porque “él nunca había hecho nada malo en su vida, que estuviera enterado.” “Pero,” le dijo alguien, usted es un pecador ¿sabe? Yo sé que no lo soy, dijo él. Bueno, pero Dios dice que sí es. Y ¿Qué creen ustedes que respondió el hombre? Él dijo, “Dios puede decir lo que quiera, pero yo sé que no lo soy.” Así que, como podrán ver, él incluso contradijo al mismo Dios ¿y no es ese un gran pecado que cometer? Job 9: 20 dice que, si un hombre se justifica a sí mismo, su propia boca lo condenará. Romanos 8: 3,4 nos dice que, si Dios justifica al hombre, entonces nadie puede condenarlo. Job dio una elocuente voz a su exasperación. Él sentía como si no hubiera nada que pudiera hacer para agradar a Dios o ganarse su favor otra vez. Ciertamente la única acusación que escuchará será la del mismo Dios. Pero si Dios si le entra a la litigación, entonces Job está preocupado de que no será capaz de llevar a cabo su defensa triunfantemente.

Job descargó sus torturados sentimientos. Él genuinamente creía que era íntegro, sin embargo, al mismo tiempo admitió que no se conocía a sí mismo lo suficientemente bien como para tener una conciencia limpia en su totalidad. Así que el sentido es, aunque Dios deba darme sentencia, aun así, debería sentirme tan dominado por el temor y el terror de la Divina Majestad que debería estar agotado de mi vida. Job sentía que Dios no solo estaba distante y silencioso, sino que también la estaba pasando bien a expensas de sufrientes piadosos como Job. Así como uno se asusta por un chillido, o se entristece por un gemido, así estas agudas declaraciones de Job primero nos sorprenden, y luego despiertan nuestra compasión. Los sufrimientos físicos han hecho estragos en la mente de Job, y él buscaba alivio expresando su angustia. Como un prisionero solitario en la sombría fortaleza de un castillo viejo, talla en los cuadros de la pared el miserable desánimo que lo frecuenta. Sus aflicciones son agravadas por esfuerzos vanos de aliviarlos: lastima sus manos con el duro martillo y clavo con los cuales graba sus penas. De tales torturas muchos de nosotros hemos recibido una probada. Debemos recordar que lo que todos sabemos muy bien sobre la situación de Job de los capítulos 1 y 2 era totalmente desconocido para Job en ese momento. Él describe al mundo como se ve para él. De lo que Job puede ver de Dios, “Su postura externa es la misma para ambos; él ignora a los inocentes, y parece no contestar sus oraciones, y los sufre para fallecer con otros, como si también se complaciera de su ruina.” La crisis espiritual que se desarrollaba en Job tiene que ver con su interpretación equivocada de Dios. Tozer escribió, “La cosa más importante de usted es lo que viene le viene a la mente cuando piensa en Dios.” La concepción que Job tenía de Dios se estaba volviendo – lo cual es totalmente comprensible – distorsionada por su propia experiencia e imaginación. La lógica de Job era sólida. Él entendía que su situación podía ser rastreada hasta Dios.

Clarke dijo sobre La tierra es entregada en manos de los impíos: ¿Acaso no es de lo más evidente que los peores hombres poseen la mayoría de los bienes de este mundo, y los justos rara vez se encuentran en posición de poder o riqueza? Este era el caso en el tiempo de Job; sigue siendo el caso. Por lo tanto, la prosperidad y la adversidad en esta vida no son marcas de la aprobación o desaprobación de Dios.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.