Elifaz rogaba a su amigo Job que escuchara a la razón y estuviera de acuerdo con la sabiduría común acerca de Él y su problema. Si simplemente consultara a cualquier persona piadosa, le dirían lo mismo que le dijo Elifaz (¿Y a cuál de los santos te volverás?) Elifaz no acusó directamente a Job; más bien le sugirió a Job que hiciera todo lo posible para no ser como un necio que será asesinado por la ira. Sus hijos estarán lejos de la seguridad: Estas eran referencias de doble intención para Job y sus hijos. Elifaz argumentaba que el hecho de que un desastre tan grande cayera sobre ellos probaba que eran necios y estaban en pecado. Una vez más, notamos el marco de referencia de Elifaz: Yo he visto. El habla desde su propia experiencia y observación en la vida.

Aquí hay una referencia a una costumbre que con frecuencia era notaria en los países orientales. El tribunal, o palacio de justicia, se encontraba en las puertas de la ciudad; aquí los magistrados atendían y veían a los demandantes, y el defensor venía por justicia. Elifaz creía que esta aflicción no llegó a Job de la nada; no solo brotó de la tierra. La implicación es clara: esta aflicción vino sobre Job de parte de Dios.

Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la aflicción: Este punto conecta con el que Elifaz acaba de hacer. Las aflicciones no le llegan al hombre de la nada; llegan como juicio de parte de Dios, o por lo menos porque el hombre ha sembrado aflicciones y ahora las cosecha. Y así como es verdad que las chispas se levantan para volar, también es verdad que el hombre nace para la aflicción, entonces también se podría decir que todos los hombres pecan y merecen la aflicción y los problemas que les llegan.

Elifaz lo dijo de manera diplomática, que Job no estaba buscando a Dios ni tampoco le encomendaba a Él su aflicción. Según el consejo de Elifaz, esta es la razón por la que Job debería buscar a Dios y encomendarle su camino. Es porque Dios es un gran Dios, grande tanto en su poder sobre la creación como en su justicia moral y Él frustra los pensamientos de los astutos. Una vez más, la implicación es clara. Elifaz creía que la justicia de Dios, en este momento presente, trabajaba contra Job porque Job se encontraba en pecado y se negaba a verlo. Sin embargo, si tan solo Job pudiera ver esto y se arrepintiera, tal vez la justicia de Dios comenzaría a trabajar otra vez a su favor.

Lo que Elifaz no entendió es que básicamente, si bien los problemas, el sufrimiento y el pecado son el resultado de la desobediencia a Dios y “¡No hay paz para los malos! Como ha dicho el Señor” (Isaías 48:22). El hombre ha tratado de edificar una utopía en el pecado, pero eso no da resultado. No puede haber un reino de paz sin el Príncipe de Paz, y por tanto los problemas rodean al ser humano, y los justos sufren hoy y los hijos de Dios tienen problemas. Usted no puede tener hoy paz sin Él.

Si, a veces el problema le llega al hijo de Dios a causa de una equivocación, de una mala elección en el campo profesional, en el área de los sentimientos, cuando un hombre o una mujer hacen su elección para el matrimonio, y después tienen que sufrirse las consecuencias por muchos años. Ahora, a veces el problema es un juicio, un castigo del Padre sobre Su hijo. En Primera de Corintios 11:31 dice: Si, pues, nos examináramos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; Pero si no nos examinamos, Dios tendrá que juzgarnos. Otras veces los problemas provienen de la disciplina del Padre. Eso es algo que se nos enseña en las mismas Escrituras. Dice en hebreos 12:6, porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Eso ocurrió con Moisés, quien estaba viviendo cómodamente en la corte de Faraón, eligió ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los deleites temporales del pecado. (hebreos 11:25). Esta experiencia fue una disciplina para Moisés. Y Dios nunca lo podría haber utilizado como un libertador si no hubiera pasado 40 años preparándose en el desierto de Madián. Y luego tenemos a Saulo de Tarso, ese joven fariseo orgulloso que vino a Cristo y Dios dijo de él; “Yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre” (Hechos 9:16) Y Dios realmente le hizo pasar por un duro proceso de preparación. Las dificultades son, pues, una disciplina del Padre celestial.

Pero también los problemas o dificultades provienen a veces del propósito de enseñarnos a ser pacientes y a confiar en Dios. El apóstol Santiago, que era un hombre práctico, dijo en 1:3, sabiendo que la prueba de vuestra fe produce paciencia. Otras veces nos llegan los problemas porque Dios nos quiere pulir, quiere suavizar las asperezas. Veremos que Job llegó a entender que Dios estaba haciendo esto con él. Porque dijo en 23:10: Más él conoce mi camino; si me prueba, saldré como el oro.

Finalmente debemos saber que Dios permite que nos acosen los problemas para que nuestras mentes y corazones se sujeten más a Él. Como hemos visto, hay buenas razones para que los problemas y dificultades estén presentes en la vida del hijo de Dios. Por ello, Elifaz estaba en lo cierto cuando dijo: Pero como las chispas se levantan para volar por el aire, así el hombre nace para la desdicha. Aun así estaba diciendo solo una parte de la verdad. Porque Dios tiene un propósito para usted. Por los méritos del sacrificio de Cristo en la cruz, si usted cree en Él como su Salvador, Él puede rescatarle de los efectos del pecado y la maldad, salvándole, dándole la vida eterna, convirtiéndolo en un hijo o una hija suya. Y así, el Espíritu Santo, le dará el consuelo y la fuerza necesaria para vivir una vida que merezca la pena vivir.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.