Amalec peleó contra Israel en Refidim: Este fue un ataque no provocado por los Amalecitas contra Israel. En respuesta, Moisés llamó a Josué a que dirigiera los ejércitos de Israel en la batalla, para defender a la nación en contra del ataque. Amalec era nieto de Esaú, y aunque era similar a Israel, demostró ser su enemigo más empedernido, como muestra la historia posterior. Existe toda la posibilidad de que hubieran sabido acerca de la promesa de la Tierra de Canaán que se le había dado al hermano gemelo de Esaú; por lo tanto, no deberían haber sentido ninguna amenaza para sus intereses en el Negev si esta promesa hubiera sido recordada y tomada en serio. Como muchos otros nómadas, se extendieron por un área amplia, descrita vagamente como el Neguev o la tierra del sur.

El método de ataque utilizado por Amalec era despiadado. Deuteronomio 25:17-18 dice: Acuérdate de lo que hizo Amalec contigo en el camino, cuando salías de Egipto; de cómo te salió al encuentro en el camino, y te desbarató la retaguardia de todos los débiles que iban detrás de ti, cuando tú estabas cansado y trabajado; y no tuvo ningún temor de Dios.

Salir a pelear contra Amalec fue una primera experiencia significativa de guerra para el antiguo Israel. Habían vivido durante cientos de años como esclavos, y Dios luchó contra los egipcios por ellos. Ahora tenían que aprender a confiar en Dios mientras luchaban en una batalla militar. Las Escrituras llaman al grueso bastón de Moisés: la vara de Moisés y la vara de Dios. Era la combinación del instrumento humano y del poder divino.

Aquí está el primer pasaje que menciona a Josué. Lo encontramos haciendo lo que él hacía hasta el tiempo que Moisés salió de la escena – Josué servía al Señor y a Moisés fielmente. Es bueno recordar que el nombre de Jesús es simplemente la forma griega de pronunciar el nombre Josué. Es el mismo nombre. Tanto en la Septuaginta como en el Testamento Griego se le llama Jesús: el nombre significa Salvador; y se le concede haber sido un tipo muy expresivo de nuestro bendito Señor. Luchó con los enemigos de su pueblo y los conquistó, los llevó a la tierra prometida y se las repartió por suertes. El paralelismo entre él y el Salvador del mundo es demasiado evidente como para que sea necesario señalarlo.

Moisés, Aarón y Hur subieron a la cumbre del collado: Ellos hicieron esto para poder ver, para poder ser vistos, y para poder orar. Aarón era hermano de Moisés, y algunos piensan que Hur era su cuñado. Moisés apoyó en la batalla detrás de escena, ocupado en oración. El destino de Israel en la batalla dependía de la intercesión de Moisés debido a que cuando él oraba Israel prevalecía y cuando paraba de orar prevalecía Amalec. Este asombroso pasaje nos muestra que la vida o muerte de Israel dependía de las oraciones de un hombre. Moisés oró como nosotros deberíamos orar: con pasión, creyendo que la vida y la muerte – quizás eternamente – dependían de la oración. Aarón y Hur se acercaron a Moisés y literalmente levantaron sus manos en oración. Lo ayudaron y participaron con él en la intercesión. Su ayuda fue exitosa: así hubo en sus manos firmeza hasta que se puso el sol.

Aunque este era el trabajo de Moisés, era más de lo que podía hacer por sí mismo. Moisés solo, no podía ganar la batalla de la oración. Necesitaba que otros lo acompañaran y lo fortalecieran en oración. Debido a este trabajo de oración, Israel salió victorioso sobre Amalec. No hace mucho tiempo, algunos académicos se mostraron escépticos y dijeron que la escritura no se había inventado en la época de Moisés. Investigaciones posteriores demostraron que el hombre había estado escribiendo durante al menos 1.500 años antes de la época de Moisés. A pesar de que Moisés sabía que su oración fue importante, no era tan necio como para pensar que él ganó la batalla. Como acto de adoración, construyó un altar y adoró el nombre de Jehová-nisi (Jehová es mi estandarte).

Esta no fue la última batalla o mención de los amalecitas. Dios continuó Su guerra en contra de ellos, pero les dio mucho tiempo para arrepentirse de este gran pecado de atacar a su primo, Israel. Balaam profetizó su ruina y cientos de años después, Saúl peleó contra ellos. Dios luego le ordenó a Saúl que continuara la lucha contra Amalec, para traer un juicio completo sobre ellos por su antiguo pecado contra Israel. Saúl peleó en contra de los amalecitas y los derrotó, pero mantuvo a su rey vivo (y presuntamente a otros) mientras se enriquecía en la batalla. El no obedecer a Dios con respecto a Amalec fue el principal acto de desobediencia que le costó el trono a Saúl. Debido al fuerte mandato de Dios de luchar contra Amalec hasta que fueran completamente conquistados, muchos ven a los amalecitas como una imagen de nuestra carne, el aspecto no espiritual del hombre que hace la guerra contra el espíritu. En este sentido, “Amalec” lucha constantemente contra el espíritu y debe ser combatido hasta que sea completamente conquistado (Gálatas 5:17).

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.