Ahora, haremos algunas observaciones sobre este capítulo 38. En este pasaje Bíblico continuamos observando el tabernáculo. A partir del capítulo 25, vimos el plano del tabernáculo y todos sus detalles. En este momento, Bezaleel y sus ayudantes estaban construyendo la estructura de la tienda. En efecto, al llegar a este capítulo 38, a mí entender, el tabernáculo ya había sido prácticamente construido, aunque aun no se había colocado todo en orden. Este capítulo dedica mayor atención al atrio o patio exterior.

Este capitulo 38 comienza con el altar del holocausto. En este altar de bronce la víctima era ofrecida y el pecado era juzgado. Era allí donde el individuo o la nación acudían para ocuparse del problema del pecado. Cuando este altar fue construido, ya no se pudo fabricar otro altar. Este constituía el acceso a Dios y otro altar, hecho en cualquier otro lugar, habría sido como una blasfemia. Estaba situado en un lugar de prominencia porque la cuestión del pecado debía quedar arreglada allí. Ninguna otra acción o actitud como la adoración o la recepción de bendición podía tener lugar hasta que uno hubiese pasado por el altar de bronce del holocausto. Aquí solo se nos dice que el bronce usado para hacer la fuente provino, al menos en parte, de los espejos de metal pulido de algunas de las mujeres de Israel. Es maravilloso pensar que estas mujeres renunciaron a su capacidad de medir su propia belleza física para hacer este depósito para el agua del lavado ceremonial. Por analogía, se puede decir que algunos están tan concentrados en mirarse a sí mismos que no miran a Jesús. Siempre es el momento de entregarle ese espejo a Jesús.

Desde la perspectiva del Nuevo Testamento, se puede decir que los creyentes experimentaron el lavamiento del agua por la palabra (Efesios 5:26), y que la palabra de Dios es como un espejo (Santiago 1:22-25).

Era muy significativo que el bronce de estos espejos se empleara para construir esa fuente en la que los sacerdotes deben lavarse al acercarse al altar o al entrar al Tabernáculo. Es en la belleza de la santidad que los hombres deben adorar, y mediante la entrega de todo lo carnal.

El verso 8 nos habla de las mujeres que servían a la puerta del tabernáculo de reunión: Aparentemente, había un grupo de mujeres en Israel que servían a Dios reuniéndose regularmente para ayudar a los sacerdotes y la obra del tabernáculo.

El verbo traducido como servir es raro e interesante, y solo se usa en otro lugar para las mujeres al servicio del santuario (1 Samuel 2:22). En realidad, significa “organizados en bandas para la guerra”, pero se usa para el servicio levítico ordinario (Números 4:23)

Los ganchos de las columnas y sus anillos para la cortina que rodeaba el atrio, eran de plata. Y la plata era el metal de la redención. El cerco del patio o atrio mantenía al ser humano fuera, pero Dios señaló un camino para que él pudiese entrar. Encontró una manera de juzgar el pecado y proveyó una redención para que el ser humano pudiese ser revestido por la justicia de Cristo. Por todo ello, la totalidad de este tabernáculo constituye una elocuente figura. Uno puede contemplar aquella tienda de reunión y comprender el mensaje del Evangelio. Dios nos lo ha revelado por medio de imágenes.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.