El lavado a la puerta del tabernáculo era solo un aspecto de la limpieza simbólica del pecado. Tenía que haber un castigo para los culpables, y esto ocurrió. Cuando Aarón y sus hijos pusieron sus manos sobre la cabeza del becerro, ellos simbólicamente transfirieron su pecado al becerro. La palabra hebrea usada para imponer, significa más que colocar ligeramente la mano, da la idea de presionar con fuerza sobre la cabeza del becerro. Como estos antiguos sacerdotes, todo creyente solo puede consagrarse a Dios mediante sacrificio. Nuestra consagración debería ser mayor, porque se hizo mediante un sacrificio mucho mayor – el sacrificio del propio Hijo de Dios. El altar era santificado con la sangre de la ofrenda por el pecado, y lo mejor del animal era quemado delante del Señor – el resto era destruido fuera del campamento. La ofrenda por el pecado decía, “Hemos fallado en dar lo mejor a Dios. Este animal ahora da lo mejor para expiar nuestro fracaso, y decidimos vivir ahora dando lo mejor, mientras este animal muere en nuestro lugar”. Como ese antiguo altar, el altar del Nuevo Pacto – la cruz – es transformado de un lugar de muerte a un lugar apartado para traer vida.

Al igual que la ofrenda por el pecado antes de esta, la ofrenda quemada también recibía simbólicamente los pecados de los sacerdotes y ellos ponían sus manos sobre la cabeza del animal y confesaban su pecado. El carnero era quemado por completo delante de Jehová, con su sangre rociada sobre el altar. En su consagración, los sacerdotes todavía tenían que identificarse con la víctima del sacrificio. Su identificación con el sacrificio iba más allá de la expiación. Para expresar la idea de consagración, la sangre del carnero se colocaba en la oreja, el pulgar y el pie del sacerdote. Era la sangre de carnero – no la lana ni la grosura. Dios quería que la “vida” de la víctima sacrificada marcara a Sus sacerdotes consagrados. Estos sacerdotes consagrados eran manchados con la sangre del sacrificio. Ellos debían de oír diferente porque la sangre estaba en su oreja derecha. Ellos debían de trabajar diferente porque la sangre estaba en su pulgar de la mano derecha. Ellos debían de caminar diferente porque estaba en el pulgar de su pie derecho. La sangre por si sola no era suficiente. Dios quería sangre mezclada con aceite, y que la mezcla fuera rociada sobre los sacerdotes. Debía haber una combinación tanto del sacrificio como del espíritu (representado por el aceite de la unción).

El segundo carnero usado en la ceremonia de consagración – el cordero de cuya sangre era aplicada en la oreja, mano y pie del sacerdote – era usado como ofrenda elevada y sacrificios de paz. Partes de este segundo carnero – las mejores partes – eran puestas en conjunto con los panes, torta de pan, y el hojaldre y primero eran mecidas ante Dios en un acto de presentación. Luego estas porciones eran quemadas en el altar como un acto de completa devoción. Las porciones restantes de la carne de este carnero eran entregadas a Aarón y a los otros sacerdotes, después de que esas porciones fueran presentadas a Dios como una ofrenda mecida. Luego, se cocinaban y eran comidas por los sacerdotes durante los días de su ceremonia de consagración. Comer es algo interno. No sirve de nada estar cerca de la comida o frotar la comida en la parte exterior de tu cuerpo – debes asimilarla. Debemos aceptar a Jesús en nuestro interior, no solo de una manera externa. También es algo activo. Algunas medicinas son recibidas de una manera pasiva – estas se inyectan bajo la piel para que empiecen a funcionar. Dichas medicinas incluso se pueden recibir mientras uno duerme – pero nadie puede comer mientras duerme. Debemos de tomar a Jesús activamente dentro de nosotros.

Con las generaciones venideras, los nuevos descendientes de Aarón calificarían para el sacerdocio y serían consagrados de la misma manera. Para Aarón y sus descendientes, el proceso de consagración tomaría siete días. Por siete días ellos vivirían en el tabernáculo y comerían del carnero de las consagraciones y del pan de la consagración. La ceremonia de consagración no era rápida ni fácil. Tomaba tiempo, reflexión y una consciencia constante del sacrificio y la expiación. Pocos de nosotros hoy somos del linaje de Aarón, pero tenemos el derecho de recibir y disfrutar esta consagración sacerdotal y esta relación basada no solo en la clara declaración del Nuevo Testamento (1 Pedro 2: 5 y 2: 9) sino también sobre los principios del Antiguo Pacto. Levíticos 22:11 dice: Mas cuando el sacerdote comprare algún esclavo por dinero, éste podrá comer de ella, así como también el nacido en su casa podrá comer de su alimento.

Dado que Jesús; nuestro Sumo Sacerdote, nos compró con su propia vida, podemos comer de la porción sacerdotal. Y dado que nacemos de nuevo como hijos de Dios – nacidos en su casa, en la familia de nuestro Sumo Sacerdote – nosotros también podemos comer de su porción y disfrutar de los privilegios sacerdotales de nuestro Sumo Sacerdote. Todos los días había otro animal grande para sacrificar y usar su sangre para expiación. Este ritual diario – por siete días seguidos – le recordaba a Aarón y a los sacerdotes que ningún sacrificio animal podía quitar el pecado, solo proporcionaba una cobertura temporal.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.