En vez de pensar en las pruebas (aun en las pruebas de fuego) y sorprendernos de esas ocurrencias, veámoslas como maneras de ser participantes de los padecimientos de Cristo. Y si somos participantes de Sus sufrimientos, también seremos participantes de Su gloria y gozo. Él se hizo hombre para que nuestros sufrimientos no fueran insignificantes. Nuestra tendencia es el aferrarnos a la gloria y la alegría, y evadir el compartir alguno de los sufrimientos de Jesús. O, morbosamente nos fijamos en el sufrimiento y nos olvidamos que es necesario proseguir a la gloria y alegría. Nunca debemos de negar el lugar del sufrimiento en la construcción de la santidad de la vida cristiana. A pesar de que hay mucho dolor innecesario por el cual pasamos por falta de conocimiento o fe, también hay sufrimiento necesario. Si el sufrimiento fue una herramienta adecuada para enseñarle a Jesús (hebreos 5:8), es una herramienta adecuada para enseñarles a Sus siervos. Por cuanto implica una medida. Aquellos que han sufrido más en Jesús se regocijarán más en su venida de gloria.

En el contexto del sufrimiento, Pedro nos dice que el juicio comienza en la casa de Dios. Dios usa el sufrimiento como un juicio (en un sentido positivo y purificante) para los cristianos (la casa de Dios) ahora. El fuego que soportamos ahorita nos purifica; el fuego que soportarán los impíos será un castigo. No obstante, debemos recordar que nunca hay un castigo de Dios en nuestros sufrimientos, solo purificación. Porque para el cristiano, la cuestión del castigo fue pagado por completo en la cruz, donde Jesús soportó todo el castigo que el cristiano pudiera enfrentar de parte de Dios.

La aplicación sobria de Pedro es clara: Si esto es lo que los hijos de Dios experimentan, ¿Qué pasará con aquellos que se han hecho por si mismos enemigos de Él? ¿Cómo pueden tener la esperanza de estar ante el juicio y la ira de Dios? Como esto es verdad – que la salvación del justo no viene sin dificultad – entonces debemos de detenernos y pensar si nosotros mismos o alguien más parece tener una salvación “fácil”. No es que nuestra salvación sea difícil en el sentido de ganarla o de encontrar una manera de merecerla; todo es un regalo gratis de Jesucristo. No obstante, nuestra salvación es difícil en el sentido de que los reclamos del discipulado nos retan y nos demandan a que nos deshagamos de nuestros ídolos y pecados. Discipulado verdadero; que genuinamente sigue a Jesucristo es frecuentemente difícil, así que entendemos por qué Pedro citó el pasaje de Proverbios, el justo con dificultad de salva. Pedro nuevamente dibuja una distinción entre los que padecen según la voluntad de Dios y de los que sufren de lo contrario. No todo el sufrimiento es la voluntad de Dios. La palabra “encomendar” es una palabra técnica, es dejar en depósito un dinero a un amigo en cual confías. Dicha confianza se consideró como una de las cosas más sagradas de la vida, y el amigo estaba obligado con todo el honor a regresar el dinero intacto. Es la misma palabra que uso Jesús cuando dijo, Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu. (Lucas 23:46) Así que cuando los cristianos encomiendan sus almas al fiel Creador, dejan sus almas en un lugar seguro. Dios es un fiel Creador, y nos podemos dar a Dios como barro moldeable a Sus manos. Mucha de la agonía por la cual pasamos en tiempos de pruebas tiene que ver con nuestra ignorancia de la fidelidad de Dios, o de Su lugar como Creador. Él es nuestro Creador soberano, con el derecho de hacer con nosotros lo que a Él le plazca. Aun así, Él es fiel, y solo hará lo que es lo mejor para nosotros.

Pastor Carlos Umaña Comunidad Cristiana Lifehouse.